Menos corrupción, más para educación


Por Germán Zapata Vergara
Administrador público
Especialista en Gerencia de proyectos
@GERMANZAPATAV1
gzdistribuciones@gmail.com 

La formación de nuestros ciudadanos, debe ser un compromiso permanente por desarrollar la capacidad intelectual, moral y afectiva de cada uno de ellos de acuerdo con la cultura y las normas de convivencia de la sociedad a la que pertenecen. Es la transmisión de conocimientos a una persona para que esta adquiera una determinada formación.

Las instituciones educativas deben ocuparse también de la educación en valores; la educación teniendo como objetivo principal el pleno desarrollo de la personalidad humana, en el respeto a los principios democráticos de convivencia.

El derecho a la educación ha sido reconocido por muchos gobiernos. A nivel global, el artículo 13 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de 1966 de las Naciones Unidas reconoce el derecho de toda persona a la educación.

“La palabra «educación» procede del latín ēducātiō (“crianza”) o de ēdūcō (“educo, entreno”) que está relacionado con el homónimoēdūcō (“Llevo adelante, saco”) de ē- (“de, fuera de”) y dūcō (“conduzco, guío”). etimológicamente significa, promover al desarrollo (intelectual y cultural) del educando, es decir, desarrollar las potencialidades psíquicas y cognitivas propias del educando desde su intelecto y su conocimiento haciendo en tal proceso al educando activo”.

Le Educación Pública es el sistema educativo de cada país, que está gestionado por la administración pública y sostenido con los impuestos. Una universidad pública es una universidad cuya financiación corre a cargo principalmente de un gobierno. En algunas regiones, las universidades públicas son importantes centros de investigación y muchas de ellas hacen parte de las principales clasificaciones de mejores universidades.

Proponer que los egresados financiemos la educación superior es un verdadero despropósito como a la vez una cachetada no solo a sus electores sino a todo el país, es sabido que los colombianos pagamos impuestos, de los que una partida de ellos debe ir a educación. No puede tener sentido la propuesta de una señora elegida como senadora mientras se pierden los dineros en cifras enormes por escándalos de corrupción, es una muestra más de la incapacidad de nuestros congresistas o de la mala intención abusando de nuestras necesidades.

No podemos esperar más de alguien que estaba en contra de la consulta anticorrupción, mientras el país nada en el mar de dineros perdidos por elefantes blanco carteles de toda clase y escándalos por todo tipo de investigaciones tanto de nuestros elegidos popularmente como los designados o nombrados. Es increíble el nivel de demagogia al que llegamos, el descaro y cinismo para hacernos elegir. ¿Dónde queda la propuesta de campañas tanto de candidatos entre ellos el señor presidente Iván Duque para poder lograr una educación pública, autónoma, democrática y crítica?

El ánimo guerrerista no puede regresar a nuestro país, las sangre que baño nuestros ríos y las balas que cubrieron nuestros campos productivos debe ser reemplazada por oportunidades laborales, el regreso a nuestra vocación agrícola y el fortalecimiento en la educación y que mejor que inyectar de capital a nuestras universidades públicas y velar por los derechos transversales de nuestros ciudadanos en su gran mayoría creativos y con múltiples capacidades las cuales no podemos coartar.

Invertir en el campo y en la educación es mucho más productivo; vale la pena analizar ese $3,5 billones pensado para el sector de seguridad y defensa; para que, en vez de ello, se piense en reasignar gran parte para cubrir el déficit de las universidades públicas.

Si etimológicamente, educar significa promover el desarrollo intelectual, y cultural del educando, desarrollando sus potencialidades psíquicas y cognitivas desde su intelecto y conocimiento. ¿por qué el desinterés de los gobiernos en desestimar los presupuestos para las universidades públicas?

No quiero pensar que nuestro gobierno quiera un país que no se “e-Duque” facilitando la sumisión de los ciudadanos a las doctrinas partidistas del gobierno de turno. Pero de algo si estoy seguro; es de la capacidad e inteligencia de los colombianos capaces de hacer valer nuestros derechos y decir por fin alto a la corrupción y que los dineros de nuestros impuestos se inviertan en nuestras necesidades y no sean más noticia de actos de corrupción.

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