Las marchas estudiantiles y el derecho a la libertad de expresión


Por: Azael Carvajal
azcarma@yahoo.com

El pasado miércoles 10 de octubre de 2018, se realizó la marcha estudiantil nacional para pedir al gobierno nacional más recursos económicos para poder cubrir las crecientes y urgentes necesidades de las universidades públicas. Estamos ante un asunto que es de inmensa trascendencia porque todos sabemos que cada año, son más los bachilleres que buscan un cupo para poder cursar su carrera profesional. Y la inmensa mayoría tienen que acudir a las universidades del Estado, principalmente por razones de orden económico.  También sabemos que un alto porcentaje de jóvenes aspirantes no alcanzan el anhelado cupo y quedan por fuera. Ahí surge el primer interrogante sobre qué hará esta nueva generación y qué le brinda el medio en que vivimos. Es un potencial muy grande de talentos que se quedan sin nada en sus manos.

Igualmente, sabemos que las universidades e instituciones públicas trabajan por crear nuevos programas y ofrecer oportunidades, pero estamos también ante una labor que demanda muchos recursos económicos y cada vez deben ser más, porque de lo contrario, los nuevos proyectos no podrán avanzar. En fin, mucho es lo que se puede decir sobre las necesidades que aumentan cada año para que el país pueda atender las aspiraciones de la juventud colombiana.

Ahora, frente a las manifestaciones estudiantiles que tuvieron lugar en todo el país, la semana que termina, son, asimismo, muchos los aspectos que se pueden analizar, desde las justas reclamaciones para que tales instituciones crezcan y ofrezcan oportunidades a nuestra alta cifra de jóvenes hasta el desarrollo mismo de las marchas. Y en ese aspecto es en el que queremos detenernos porque estamos ante un derecho fundamental relacionado con la libre movilización y  la libertad de expresión.

En Colombia y sin lugar a equivocarnos, un alto porcentaje de personas rechazan cualquier manifestación de violencia. Estamos hastiados de las noticias que tienen relación con un fenómeno que debería disminuir cada día y en todos los lugares y en todas las relaciones humanas. Porque no es nada nuevo decir que la violencia siempre generará más violencia, y lo que todos anhelados es un país, donde la gente pueda vivir con mayor tranquilidad.

Por lo anterior, esta es la ocasión para destacar el comportamiento pacífico, culto, argumentativo, respetuoso y podríamos agregar más calificativos sobre la conducta observada en las manifestaciones de los estudiantes en toda Colombia, y sobre todo, porque lo hacían en ejercicio del derecho a la libertad de expresión y por otro derecho fundamental como es la educación. Igualmente, sobran las razones para insistir en la necesidad de ofrecer siempre y en más cantidad y calidad, cupos para la educación en todos los niveles.

En síntesis, el ejemplo observado en estas movilizaciones nos estimulan para decir siempre que cuando hablamos, cuando protestamos, cuando pedimos, cuando rechazamos, cuando utilizamos la palabra, que ella sea el reflejo de contenidos sensatos, llenos de argumentos, expresados con mucha claridad, porque en la medida en que procedamos de esa manera, estamos aportando lo que nos corresponde para transformar, poco a poco este país, especialmente, porque ese es el ejemplo para las nuevas generaciones porque con seguridad si continuamos este sendero, los cambios se irán apreciando para la convivencia pacífica con la diferencia pero sin violencia.

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