3 mayo, día mundial de la Libertad de Expresión

El 3 de mayo: no es otra celebración más del día mundial de la Libertad de Expresión.

Por Azael Carvajal

El pasado jueves 3 de mayo de 2018, no fue otra celebración más del día mundial de la libertad de expresión. No. Todo lo contrario. Fue un día para seguir insistiendo, como lo haremos siempre, en que mientras no haya las mínimas garantías políticas y jurídicas para el ejercicio de este derecho humano tan trascendental, no podemos dejar de insistir y luchar por todos los medios legales posibles para que poco a poco se le reconozca y, sobre todo, para evitar que en aquellos países, donde haya procesos de avance, surjan momentos de retroceso y represión, como lo pudimos apreciar en los recientes actos de abuso de la fuerza física  púbica en la república de Nicaragua, cuya barbarie hizo recordar que la dictadura de Somoza es la misma cosa de actual gobernante Daniel Ortega, quien se apartó por completo de los ideales de justicia social que inspiraron el movimiento armando de los sandinistas.

Porque es una verdad que no requiere de más argumentos porque ya está probado, en el sentido de que, dentro de las libertades públicas, hoy ya constituidas como derecho humanos, la libertad de expresión es un requisito esencial para que pueda un pueblo ser gobernado dentro de la concepción de una auténtica democracia, que es un sistema político, donde es necesaria la pluralidad y la diversidad de medios de comunicación y la difusión sin límite alguno, de distintos mensajes, porque no existe censura pero sí responsabilidad legal, y porque precisamente, una de sus características es la deliberación pública, con sólidos argumentos, porque jamás estaremos de acuerdo en el tratamiento de todos los asuntos de interés público. En otras palabras, porque el unanimismo no puede existir en una democracia, con pocas excepciones, entre ellas, por ejemplo, que todos reconocemos, practicamos y respetamos los derechos humanos, como fundamento de la convivencia pacífica con la diferencia pero sin violencia alguna.

Por consiguiente, siempre pasaremos de la proclama de cada año, no solo de llamar la atención en todo el mundo, para denunciar los regímenes que impiden el pleno ejercicio de la libertad de expresión, sino de formar una cruzada universal que trabaje, en forma permanente, por todos los medios posibles, para que los gobiernos demócratas apoyen las luchas encaminadas a superar las dificultades en las que viven países que tienen autoridades enemigas de los derechos humanos o los entienden como imposiciones del sistema capitalista.

Situados ya en el campo de Colombia, tenemos que manifestar que a pesar de tener un gobierno que ha sido celoso del respeto hacia la libertad de expresión, los otros poderes, como los provenientes de grupos armados, de la delincuencia y del narcotráfico, por citar solamente, unos pocos, son quienes amenazan y hasta en muchas ocasiones impiden el acceso a los lugares donde se produce la noticia, para investigarla y poderla dar a conocer. En ese sentido, sí tenemos que ser exigentes con las autoridades para que ellas, dentro de sus competencias, y sin coartar derechos de los ciudadanos, trabajen para que los periodistas tengamos garantías que nos permitan cumplir la misión social que nos corresponde y a la que nos comprometimos.

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